Estoy leyendo y disfrutando mucho Don Quijote de la Mancha, que resulta ser un genial ejemplo de la distinción que Bertrand Russell hacía entre lo serio y lo solemne. Como todo lo que es clásico, el Quijote es cosa seria, muy seria, sin que por eso deje de ser cómico, gracioso, y sin que por eso deje de producir más de una carcajada (si coincide el humor propio con el de Cervantes, por supuesto).

quijote.jpgPero no lo mencionaría aquí sino fuera porque encontré algo que me resultó extremadamente curioso durante su lectura, y sumamente contemporáneo, además, considerando los hechos recientes.

Resulta que, a poco de comenzar el libro, se relata lo que describiré a continuación. Quien no haya leído el Quijote y tenga intención de hacerlo, quizás prefiera no continuar leyendo este post para guardarse los detalles de los primeros pasos de la trama de la novela para entonces. Por cierto, recomiendo fuertemente la lectura de este muy interesante libro.

Según relata Cervantes, Don Quijote es una persona que ha leído demasiadas novelas de un género que denominan “de caballería”. Según el primer autor del libro, estas novelas le hicieron un daño en la cabeza al Quijote, que lo dejaron loco y le hicieron creer cantidad de cosas que esas novelas decían. Y enloquecido de este modo es que este buen señor sale con un caballo y una espada a hacer sus andanzas en la creencia de ser él un caballero, personificando así las tramas de sus libros preferidos.

No pasa mucho tiempo hasta que lo encuentra alguien que lo conoce y sabe que no es ningún caballero de novela, y lo regresa a su casa, donde con un cura y un barbero piensan qué hacer con él. Deciden entonces quemar su librería, esto es, todos los libros de caballería que le enfermaron la cabeza, para así librarle de la enfermedad. Esto no le libra de la enfermedad, por cierto, pero de todos modos los protectores de este buen señor Quijote prenden fuego casi todos sus libros (exceptuando algunos importantes clásicos, pero incluyendo muchos otros).

Mi punto es que la historia suena muy conocida, y no porque sea el Quijote, sino porque es algo todavía muy contemporáneo, y fácilmente extensible a los videojuegos. Cambiemos “libros de caballería” por “videojuegos“, para pensar en quiénes son hoy estos quijotes que “leen” tantos videojuegos que luego salen a personificar sus personajes, por lo que luego deben “quemarles” los videojuegos para que ya no les enfermen la cabeza.

Estamos hablando de una realidad que se repite tal como nos la describiera Cervantes hace más de 400 años. Quizás por eso también convenga a veces leer los clásicos; para tomar un poco de perspectiva sobre qué cosas que nos parecen tan nuevas, son en realidad las mismas que desde los principios de la historia.

Ni que decir que tengo mis sospechas que no demasiado en el futuro, las amenazas de prohibición a los videojuegos nos sonarán tan ridículas como las escenas de quema de libros del Quijote de hace cuatro siglos.

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