Hace un par de semanas me encargaron la redacción de un artículo de 1000 caracteres. No pensé que pudiera ser una tarea complicada, ¡en lo absoluto! Mil caracteres, después de todo, es muy poquito texto.

Hasta que empecé a escribirlo, y encontré que el primer texto que me conformaba tenía ya unos 2000 caracteres. Era el doble de extenso de lo que debía ser y ya parecía suficientemente sintético. Entonces empecé a entender el verdadero desafío de la tarea en cuestión.

Tenía que escribir, reescribir, podar y reescribir. Tratar de sintetizar las ideas tanto como pudiera, sin que éstas perdieran profundidad ni claridad; un trabajo en alguna medida similar al de optimización por computadora.

No creo que haya tenido un gran éxito en esta tarea, pero sí me sentí bastante conforme con el resultado. Y sobre todo, me divertí mucho trabajando en ese pequeño desafío de encontrar el texto justo, la combinación exacta de unas pocas oraciones que comunicara (espero) de forma clara, concisa y elegante.